Uno de los problemas de la terapia oncológica que se vale de anticuerpos idénticos para estimular la respuesta inmune ante el cáncer es que los pacientes sufren problemas inflamatorios derivados.
Un equipo del Instituto Oncológico Dana-Faber ha estudiado la superficie de las células inmunes CD4+T y ha demostrado que, ofreciendo sesiones periódicas con anticuerpos monoclonales a pacientes que ya han sido tratados con vacunas, la respuesta inmune produce menos efectos secundarios.
Un acercamiento que combina vacuna y anticuerpos tiene una gran utilidad potencial.
El equipo se ha centrado en un receptor situado en la superficie de células inmunes CD4+T, encargadas de dirigir el ataque contra las células cancerígenas. Este receptor para el antígeno asociado a linfocitos T citotóxicos, conocido como CTLA4, actúa como una especie de válvula para las células T: cuando el receptor se ve estimulado provoca su desactivación, deteniendo la respuesta inmune. Conociendo este proceso, los investigadores han podido bloquear CTAL4 con un anticuerpo monoclonal y mantener activa la respuesta.
Para el estudio se ha contado con la colaboración de una vacuna desarrollada a partir de células autólogas. Insertando un gen en su interior se produce la proteína GVAX, que actúa como detonante para el sistema inmune. (DIARIO MÉDICO 19/2/2008)