Una pequeña cantidad de sangre o de tejido podría ser suficiente para diagnosticar cáncer y guiar al profesional hacia el mejor tratamiento.
Gracias a una herramienta que analiza si las proteínas asociadas al cáncer estan presentes en estas pequeñas muestras, el equipo dirigido por Alice Fan, ha dado un paso al frente en el estudio del cáncer hematológico. Aunque el trabajo va en principio dirigido a mejorar el conocimiento en este tipo de neoplasias, los investigadores creen que su hallazgo podrá aplicarse a otro tipo de tumores. Los autores señalan que actualmente apenas se sabe qué sucede con las células tumorales cuando se aplica un tratamiento.
Las variaciones en la modificación de determinadas proteínas (su fosforilación) afecta a su relación con la progresión tumoral.
En este sentido han separado las proteínas ligadas al cáncer y las han aislado en estrechos tubos capilares según sus niveles de expresión. Las dos versiones de una misma proteína ( la fosforilada y la que no sufre este proceso) se pueden distinguir fácilmente porque se sitúan en diferentes lugares del citado tubo.
En el proceso se utilizan anticuerpos para identificar la expresión real y la situación de las dos proteínas elegidas (MYC y BCL2); la técnica localiza la activación oncogénica y es útil en muestras de linfoma de ratón.(DIARIO MÉDICO 14/4/2009)