domingo, 25 de octubre de 2009
   Los avances que se han producido en los últimos años en el tratamiento del cáncer pediátrico se han traducido en incrementos en la supervivencia y la curación de los pacientes. Sin embargo, las terapias no son inocuas y, en el caso concreto de los niños, puede interferir en el proceso normal de crecimiento, uno de los efectos secundarios más frecuentes de las estrategias de irradiación. La tomoterapia ha surgido como una de las herramientas más útiles para evitar este riesto sin mermar la efectividad oncológica, hecho que recobra especial importancia en el caso de los tumores cerebrales.
   Las ventajas más destacadas de la tomoterapia es evidente en tumores de SNC, localización en la que permite la irradiación de todo el volumen tumoral en una única planificación sin solapamientos de campos y eliminando los restos del tumor evitando que el tejido adyacente recibe radiaciones. Los beneficios son de especial relegvancia en indicaciones en las que hay que irradiar el neuroeje, que abarca el cerebro y el canal medular y que tradicionalmente es un abordaje muy complejo.
   Vómitos, toxicidad hematológica, disfagia, diarrea y molestias urinarias suelen ser los efectos agudos más  comunes de la irradiación de tejidos, mientras que, a largo plazo, suelen presentarse secuelas que afectan al crecimiento, deterioros cognitivos, con cierta disminución de las capacidades de atención y aprendizaje, y fibrosis pulmonares. (DIARIO MÉDICO 17/7/2009)
Publicado por aspanion20 @ 21:36  | TÉCNICAS
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