A pesar de que el linfoma es el cáncer sanguíneo más frecuente y el tercer tipo de tumor más habitual en los niños, es una enfermedad desconocida para la población general.
El linfoma es el cáncer del sistema linfático. Existen dos grandes tipos: los linfomas de Hodgkin y los de no Hodgkin y su diferencia radica en que afectan a tejidos linfoides y linfocitos, respectivamente. El linfoma puede presentar los mismos síntomas que otras enfermedades-fiebre, fatiga general, dolor de cabeza o inflamación de amígdalas-, pero su origen es desconocido y persiste a lo largo del tiempo. A estos indicadores se une de forma más concluyente la inflamación no dolorosa y duradera de los ganglios linfáticos de cuello, clavícula, axilas o ingles, entre otros.
Su pronóstico y tratamiento depende del tipo de linfoma, la rapidez de su crecimiento, la antigüedad de la enfermedad, la loclización inicial, la edad del paciente y sus circunstancias particulares. De forma general,el tratamiento consiste en la administración de diversos agentes quimioterápicos, frecuentemente combinados con radioterapia.
En linfomas agresivos es el trasplante de progenitores hematopoyéticos la mejor opción.
El linfoma es un modelo de enfermedad curable. El objetivo es intentar reducir el tratamiento para minimizar su toxicidad y mejorar la calidad de vida sin comprometer su eficacia.
Las consecuencias físicas son muy importantes pero también deben cubrirse las necesidades psicológicas de los pacientes para mejorar la calidad de vida de forma completa. (DIARIO MÉDICO 15/9/2009)