El premio Nobel alemán Paul Ehrlich introdujo el concepto de bala mágica hace cien años: compuestos diseñados para actuar selectivamente y matar células tumorales o patógenas sin afectar a las células sanas. La aparición de los antibióticos 50 años después validó esta idea, que continúa ahora implícita en la guerra contra el cáncer.
Pero erradicar la mayoría de cánceres diseminados puede ser imposible, e intentarlo empeorar el problema.
Un centímetro cúbico de cáncer contienen unas 109 células transformadas que pesan un gramo. Los tumores, además, son ecosistemas complejos: incluyen células normales, regiones con bajo flujo de sangre y oxígeno donde las células cancerosas se encuentren relativamente protegidas de la quimioterapia.
El objetivo de la terepia oncológica es matar cuantas más células tumorales sean posibles, asumiendo que en el mejor de los casos, habrá cura o, en el peor, el paciente estará vivo. Pero las células tumorales se adaptan a las terapias y puede que los principios para una terapia oncológica exitosa no estén en la bala mágica sino en las dinámicas evolutivas de la ecología aplicada.
Asi se demuestra que, en ausencia de terapia, las células cancerosas que no han desarrollado resistencia proliferan a expensas de las menos resistentes. Ello significa que las altas dosis de quimioterapia podrían de hecho elevar la probabilidad de que un tumor no responda a más tratamientos.
Así que una estrategia terapéutica diseñada específicamente para mantener el volumen tumoral estabilizado y tolerado podría aumentar la supervivencia del paciente, al permitir que las células sensibles impidieran el crecimiento de las resistentes.
No está sugiriendo que los investigadores del cáncer abandonen la búsqueda de nuevas terapias, o incluso de curaciones. Muchos oncólogos están de acuerdo en que las estrategias para controlar el cáncer pueden ser más eficaces que las que intentan curarlo. Puede que no existan balas mágicas en la guerra contra el cáncer y que sea la evolución la que dicte las reglas de compromiso. (Recorte de prensa de NATURE, DIARIO MÉDICO 28/5/2009)